29 de junio de 2016

Junio

Deben de ser horas las que llevo caminando por el desierto, quizás días desde que empecé a contar. Exhausta y con la vista nublada camino a pequeños pasos de gigante buscando agua, buscando sed. En el oasis de mis pensamientos estoy ligera, llena de un fuego más caliente que las montañas que voy a recorrer.

Las arenas movedizas me piden que patalee y que grite, que enrede mis dedos entre los hilos del polvo mientras consigo darme la vuelta.

Peleo con mi propia piel que, enrojecida, se reparte entre la crudeza y las ganas de arrastrarse por las dunas. Junto a la ventana ensombrecida miro los botones rotos del aire acondicionado que, obsoleto, nos ve morir de calor.

La bocanada de un aire reciclado me recuerda que tengo el oxígeno limitado, que viva mientras pueda en las rocas aunque me queme todas las yemas de los dedos.

Pierdo el hilo de mis palabras entre las palmeras de un oasis loco. Mientras lucho por morder más fuerte que las llamas, palpitan mis ojos y lloran los niños de los vecinos. Se espantan hasta los escorpiones cuando ven tanto veneno en tan pocos metros cuadrados.

El hambre ha llegado al desierto dejando los cuerpos vulnerables, flacos, hueso contra hueso...



13 de abril de 2016

Vida

A gritos desgarrados en el suelo se sobrevive, lenta y sudorosamente, a la más violenta de las palizas. Llantos brutales, salvajes, humanos... Con todos los órganos buscando a ciegas cada una de sus rugosas y deslizantes piezas. Siempre en horizontal para no perder la referencia y robando a la verticalidad la fealdad de su sonrisa.

De oreja a oreja, escucho el poco sabor que tiene la comida y saboreo el estruendoso ruido de las personas despiertas al caminar. Dormida, intento aprender el abecedario letra por letra sin la ayuda de mi juventud. Las canas que un día fueron dulces ya no brillan, se clavan en el cráneo y se multiplican. Luchan por entrar.

El mundo se ha extinguido y me ha pillado lleno de gente, de flora y de vida. Una apasionante y dolorosa vida, que repleta de placeres me arranca la lengua e intenta decirme algo. Son palabras, canciones, acrobacias...

Te espero, vida mía, que algún día vendrás.


9 de noviembre de 2015

Regreso al futuro

Gracias por tus súplicas, mandíbula, que tan llenas de palabras me matan callando. Las falsas promesas me convencieron para dejar de fumar el aire que respiro poco a poco, como exige una correcta desintoxicación.

A estas alturas de la relación, me pregunto si conectar la boca con mis adormecidas extremidades no es más sensato que haberme dejado hablar, hablar y hablar… Sin embargo, todo este tiempo he podido difundir tu mensaje hasta que has tomado la decisión de hacerme desaprender.

Nunca he querido deberte nada y tal vez te debía todo lo que tus ácidos me mostraron. Jamás nadie podrá ver lo que mis párpados revelaron, ni tan siquiera yo, que junto al terror lo espero y rechazo a partes iguales.

Tu fuego es sangría en mis entrañas, caprichosa afonía.



8 de diciembre de 2014

CERTIDUMBRE

Escancio en mi cara tus besos, jarabes de palo y disparos para una mente embrutecida a causa de las radiaciones, los expedientes y la información. Sin dilación, pulso en el pasillo los botones adecuados para bloquear todos mis demonios hasta que me interrumpes. Tengo que volver a empezar la cuenta: menos uno, cuatro y medio, siete…

Pierdo la noción del tiempo y por un momento pienso que he despertado de una larga y profunda noche, sin pesadillas ni tormentos musculares. Entonces comienzas a obligarme, granuja, a abrillantar el espejo de mi desprestigio. Con toda la humillación y la belleza que sólo viven al amanecer, anocheces mi copa de café hasta calentar mi esófago con el más exquisito vino. Viertes la oscuridad y la ansiedad sobre un tarro de conservas, a medio cerrar, junto al estante de las especias.


El dialecto ambiguo de mis memorias encuentra, en tus lentes, su legibilidad.



3 de diciembre de 2014

Vigor

La conservación de nuestra ambición, truncada por cumbres, síntomas e intenciones en mal estado, se aferra a la existencia como una fuente inagotable de energía. Cualquiera delegaría en funciones para comerse las uvas más deprisa, sin embargo, nunca me gustaron ni la miseria ni la gratuidad.

La vida como derecho y deber implica saber guardarle intacta lealtad enteramente a ella. Con cariño, sudor y lágrimas, muchas de ellas; en un mundo bellísimo y crónico, con sus pequeñas mentiras y sus gigantescas sentencias, más llenas de vida que la propia muerte y su natural semblante altruista.

¿Cuánto estás sufriendo, Supervivencia, para hacer de tu antídoto la crudeza de tus arterias?

Radiante y feliz me conseguirás cuando, en el mejor instante del día, ingiera y segregue a partes iguales tu fruto.



1 de mayo de 2014

Soporte

Cerca de mi portátil se encuentra la distante foto de mi último cumpleaños, mucho más esmerada y mejor custodiada que la memoria de mi disco duro interno. En lo que va de año, lo único en lo que advierto cierta evolución es en la forma en que mis dedos acarician las teclas de mi particular instrumento de manera más escandalosa, elaborando estados y términos que jamás creí llegar a destapar. Entretanto, mi robótica actual oxida mi reproductor, mi agencia de viajes y mis libros de cocina; sin ellos, la música, el turismo y mis tomates parecen estar cobrando más sentido que nunca.


20 de enero de 2014

Perenne

Me avisó mi olfato carroñero de que se estaban llevando tu cadáver a lo más profundo de la Tierra, algo me decía que mi búsqueda de los restos del más alto nivel se vería completamente truncada. Te creíste tanto tus trucos de magia evolutiva que, de repente, despertaste en ti carne joven y en mí su localizador con la más alta tecnología. Mi cadena alimenticia buscaba, junto a la tuya, el único modo de sobrevivir como engendros en el nivel más bajo. El sustento, entonces, se alejó del agua, de los organismos inmóviles, del pan...

Aun en fechas como hoy, puedo sentir que soy hiena del cuerpo que más respira, del más caliente y del menos abarcable. Cada día puedo elegir ser una especie nueva y sacar el jugo, a mis maneras, al ser más vivo.

La mayor virtud con la que contamos es que pueden pasar los años sin necesitar saber dónde estamos. Sólo un par de gotas de sudor bastan para entender que nos encontramos en el mismo sitio y la única forma de moverse es seguir sudando.

Cuanto más próximos estemos a la extinción, más cerca tendré que respirar de ti.