8 de noviembre de 2012

Testigo


Siempre ibas a existir, insinuabas, injustificado y expansivo. Nacías de nosotros mismos y acababas en el mismo lugar. Nos mentimos, disminuimos y segregamos desorden, todo por salir de debajo de la cama.

Lo bonito es tener suerte, saber que te transportaste, que saliste de mí y fuiste a parar a la persona que más cerca me mirase pudiendo así administrarte. Que el superávit fuera suyo y no mío. Y que lo comparta, que parta y reparta, solo para mí, su mejor parte.

Con el tiempo uno deja de estar en un único cuerpo. Todo el cariño, por y para nuestros alimentos.


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